EN BICI POR LA ZONA

Siempre me ha encantado este lugar, donde se construyeron  los cimientos de la primera ciudad del Nuevo Mundo. Voy con frecuencia, y ni cuando era un caos transitar por sus calles debido a las remodelaciones dejé de visitarla.

Por eso me encanta lo que está sucediendo en la Zona Colonial. Hay como un florecimiento y proliferación de proyectos residenciales, hoteles boutiques, restaurantes originales, museos y diversas opciones para el entretenimiento que cada día se suman a la lista de qué hacer en “la Zona”.

Hasta un recorrido por sus míticas iglesias es una gran experiencia, desde varios puntos de vista. Y si me lees desde otra parte del planeta que no es Quisqueya, y no lo sabes, aquí se encuentra la primera iglesia de América, la Catedral de Santo Domingo o Basílica Menor de Santa María. Así que cuando hablamos de la Zona Colonial hablamos de un patrimonio no sólo de nuestra isla, sino de la humanidad.

Dicho esto, desde hace semanas quería probar una nueva opción que ofrece para el esparcimiento la remozada y cada vez más atractiva Zona: ¡la experiencia de alquilar allí una singular bicicleta para recorrerla! Esto lo está ofreciendo con éxito “Zona Bici”. Si eres usuario de las redes sociales seguro que ya has visto coloridas fotos de unas bicis azules, muy coquetas,  de onda retro, que están siendo el deleite de muchos y se han convertido en un “must” a la hora de pasear “chiling” por nuestros lugares coloniales y alrededores, así como para divertidas sesiones fotográficas. ¡Ah redes sociales que se han convertido en el mejor aliado de los entrepreneurs!

Así que, un sábado por la tarde, quedé con dos de mis amigas, “partners in crime”, para aventurarnos en bicicleta por la Zona Colonial. Te confieso que yo iba con más miedo que vergüenza. Para ser franca no recuerdo bien la última vez que pedaleé sobre una bici que no fuera estacionaria o de spinning. ¿Tal vez 15 o 20 años?… Así que no sabía bien cómo iban a reaccionar mi cuerpo y el equilibrio. En eso la conciencia y la sensatez me decían que debía alquilar una de tres ruedas, que hasta más chic, con su canasta detrás, podía quedar para la respectiva foto en Instagram, ombe. Pero no, orgullosa y privando en fuerte, me aventuré con las tradicionales. Gracias a la Providencia que no me traicioné y provoqué tremendo espectáculo callejero… Aunque a nuestra manera, Karla, Arlene y yo vivimos momentos épicos (que podrás leer más adelante) pedaleando por las empedradas calles que aún nos arrancan lágrimas de la risa cada vez que los recordamos.

 

Gracias a la astucia organizada en persona que es mi amiga Arlene, fuimos con reserva previa. Yo no pensaba hacerlo, pero si vas en fin de semana o feriado comprobamos que es lo mejor. Karla llamó para averiguar si tenían bicicletas dobles, para adulto y niño, e hizo la reserva de todos. Le especificaron en Zona Bici que debíamos estar a tiempo para no perder la reserva.

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Arlene, Karla y Yo en Zona Bici

 

Arlene y Alfredo fueron los primeros en llegar, y les hicieron saber a los encargados que ya los demás íbamos en camino. La reserva era de 6 a 7 PM, la mejor hora si no quieres sudar mucho ni exponerte al sol. Todos estuvimos con mucha antelación a la hora señalada, pero un atraso de un grupo previo estuvo a punto de retrasarnos a nosotros también. Finalmente, los responsables del negocio pudieron resolver el impase sin mayores contratiempos y nuestro grupo, compuesto por cinco adultos y dos niños, arrancamos por la Salomé Ureña en dirección Este, a la Plaza de España.

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Listas para salir 🙂

 

Los primeros segundos fueron de dudas y de “meneos” en el timón. “Oh Señor, ¿me estrellaré?”. Pero al poco tiempo comprobé que las destrezas adquiridas de niña en la bicicleta no se olvidan y resurgieron como por arte de magia. Al poco tiempo no sólo me sentía segura, si no que experimenté una sensación de libertad, paz y alegría tales que desde el inicio convirtieron esta experiencia en mi nueva favorita de la Zona Colonial.

Luego de que todos atravesáramos con éxito varias calles, cuidándonos unos a otros, llegamos a la Plaza de España, donde el primer selfie grupal no se hizo esperar. “Digan Cheese!!” 😀 😀

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Karla, la más famosa de la tarde, comenzó a encontrase con gente conocida en cada esquina… Vimos a algunos amigos y dimos sendas vueltas por la Plaza…. Alfredo grabó unos graciosos videos en cámara lenta y a su querida Arlene privando en acróbata.

Llega el momento de tomar la calle Atarazana y es aquí donde se producen las primeras anécdotas que pudieron convertirse en accidentes ¡para nada jocosos!

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Al iniciar la bajada lo primero que veo es que Arlene, quien iba delante, va  a toda velocidad y el grito que pegó me transportó con terror a una vez en la que un caballo se me desbocó. Yo le gritaba: “¡Frena, frenaaaaa! ¡Con el pedal dale para atrásss!!!”. Ella respondía: “Toyyy frenandoooo!!” Alfredo, quien ya había bajado, contemplaba atónito lo que venía en banda. No gritaba ni hace alardes, ¿para qué? ¿Acaso eso frenaría la bicicleta de Arlene? Además, ya bastantes gritos iba dando yo. Creo que más bien, como el tremendo administrador y estratega que es, estaba calculando en cual ángulo podría apararla.

Todo esto transcurría en cámara lenta ante mis ojos alertas que esperaban lo peor. Pensé que había pasado mucho tiempo, pero en realidad se trataba de segundos. Afortunadamente a mitad de bajada pudo maniobrar y controló la bici. Una vez a salvo, en la pared que antes servía de muralla de la ciudad, con el Ozama detrás, respiramos los tres profundamente. Arlene confiesa que a veces se le olvidaba frenar con los pedales y, en su lugar, ¡¡le daba a la campana que servía de bocina en el timón!!

Entonces dijimos: ¿Y qué pasa con Karla y su familia que no bajan?”. Sabíamos que ella se había detenido a saludar a alguien, por tercera vez, pero ya había pasado un tiempo prudente.  Y cuando pensábamos que la bajada sería toda la anécdota del paseo, ¡oímos un grito de Karla! Cuando logró bajar con su esposo Joao y sus pequeños Maria Paula y Mateo, nos contó que casi se incrusta como una estaca en un vehículo. Por suerte logró frenar y no pasó de un susto. Ella se visualizó de cabeza estrellada en medio de dos carros.

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Karla y su familia luego del susto!

 

Bueno, segundo susto pasado, toda la cuadrilla reunida y a pedalear rumbo a Santa Bárbara, iglesia que Arlene quería visitar porque allí había sido bautizada. Pero  resulta que la cuesta que había que subir pudo con todos.  Dejamos el orgullo de atletas y nos desmontamos para subirla andando y empujando las bicis con las manos.

Al enfilarnos pedaleando hacia la iglesia percibimos que el ambiente se tornaba un poco inseguro, así que decidimos no quedarnos mucho tiempo. Al devolvernos, en una esquina, contrario a lo que hacían la mayoría de los conductores, un patán –perdón, no me sale otro adjetivo- decidió que no sólo no nos iba a dejar pasar -y se cruzó de por medio-, ¡sino que se iba  a poner de impertinente a echar piropos que no venían al caso! El lo que no sabía era que se iba a encontrar con dos LEO de pura sangre, nacidas el mismo 28 de julio, que no dieron tiempo a que los hombres del grupo se cuadraran en alerta y con un “usted está muy viejo para eso canes” de Arlene, y otro “ubíquese viejo verde” mío, siguió su camino cabizbajo y hasta ofendido, según Karla, que lo oyó reclamar que él no era ningún señor mayor! Jajajajjaja….

Seguimos nuestros caminos sin más contratiempos por las calles que nos llevarían al  Parque Colón, donde están La Catedral, la estatua del famoso almirante y varios restaurantes. Al llegar, inmediatamente una mezcolanza de eventos tomaban acción al mismo tiempo: músicas diversas y diversas actividades en el parque. Una novia posaba para un fotógrafo. En otra esquina hacía lo mismo una quinceañera con sus amigos. Varios niños corrían detrás de un perrito y otros rodeaban a una estatua humana. A pocos metros, un performance callejero. Familias de paseo, turistas entusiasmados. Calor. Color. Alegría. Y seguimos nuestro recorrido rumbo a  la Padre Billini. Luego, doblando a la izquierda para tomar Calle Las Damas, decidimos subirnos a la amplia acera para más precaución. Cuando pasábamos frente al cine 4D (una experiencia sensorial muy entretenida para toda la familia. ¡Recomendado!) con entusiasmo les enseñé a mis amigas que ahí fue que llevé hacía unos días a mi hijo y mi sobrina, que deberían ir. Al parecer, tal fue mi entusiasmo (cuando me emociono me gusta gesticular mucho con las manos) que perdí el equilibrio y sentí cómo la bici no me respondía y decidía ladearse forzosamente hacia la izquierda, donde estaban la calle y los vehículos parqueados. En medio de mis intentos desesperados para no caer, o mal guayarme,  iba pegándole con la mano, rodillas y pies a cuanto poste de luz, zafacón u otro objeto había de por medio. Y escuché a Arlene alertarme que tuviera cuidado…pero muerta de la risa!!  Hay quienes aseguran que existe el “Insta-karma” y  tan pronto puede controlar mi aparato de dos ruedas sentí un leve choque por detrás… Arlene, que había perdido el equilibrio igual que yo por estarse riendo, ¡y venía frenando con lo que podía!!  De paso, estuvo a punto de llevarme a mí también de encuentro, ¡luego de haberme recuperado! ¡Lindo choque doble que hubiese sido ese!

Pero aquí no acaba todo, y como diría mi querida Tania Báez: “¡Lo mejor está por venir!”.

Seguimos nuestro recorrido por Las Damas hasta el Conde y ahí doblamos a la izquierda para pasar por la mágica área que nos remonta a una encantadora calle europea, donde se encuentran innovadores  rincones con encanto para el deleite del paladar. Cruzamos Isabel La Católica y seguimos por El Conde. Una vez adentrados en el antiguo spot  del comercio de la capital, empezamos a recordar cuando éramos niñas cómo íbamos, en especial con nuestras madres, a comprar cualquier cosa que necesitáramos. Ya eran casi las 7 de la noche y de repente me sentí como en un “Twilight Zone”, o algo por el estilo. Y aunque he caminado mucho por El Conde, desconozco si es que atravesarla en bicicleta le da otra perspectiva, pero me sentía como en medio de una película surrealista, o mágico-religiosa.  De un lado, una doña con un turbante y un altar que prometía frasquitos que te curan hasta los malos pensamientos. En frente tuve que maniobrar para no llevarme de encuentro a los Hare Krishna  que venían con sus cuentas, música, banderas y rezos, marchando y cantando con rítmico compás…. Atrás les seguía un señor con un megáfono advirtiendo  a todo el que pasaba que, si no se arrepentían, arderían en el infierno, porque Dios sólo hay uno….Y hablando de esto, debo comentar que me encantó la forma en que Joao y Karla más adelante les explicaron a sus hijos sobre las diferentes expresiones religiosas, las libertades de culto y el derecho que todo el mundo tiene de profesar su Fe.

Y mientras seguíamos avanzando por El conde en bici, en dirección a la José Reyes, que ya se nos agotaba el tiempo de entregarlas, en medio de artesanías, cuadros, cigarros, partidos de ajedrez callejeros, juegos de dominó, puestos de venta de lo que sea, las emblemáticas tiendas y almacenes de toda la vida… Llegó lo mejor que estaba por llegar, protagonizado nueva vez por nuestra intrépida Arlene. De repente, ¡vi que se tambaleaba! ¡Oh oh! Como en los filmes de acción, cuando al que persiguen se mete en la acera y se lleva por delante lo que encuentra a su paso, así mismo, más o menos… ¡y veo a una doña que miraba azorada la amenaza que se le avecinaba! Todos los pronósticos parecían indicar que Arlene terminaría de bruces contra ella y su mesita, donde tenía un puesto ahora no recuerdo con qué. Podría ser con venta de café o té…  La cosa es que afortunadamente vi que con una pierna empujó la mesa, que se tambaleaba; ¡luego con una mano se agarró de algo y de misericordia  no se llevó un manotazo la señora!

Final y felizmente, mi amiga  no cayó sobre la mesa ni la señora. ¿Tal vez solo le volteo un vaso?…Todos aliviados de que no sucedió lo peor, pedimos al unísono perdón a la vendedora, quien divertida y aliviada nos dijo con una sonrisa que no nos preocupáramos.

Sanos y salvos llegamos a la meta, muy felices por habernos permitido una experiencia intensa, divertida y fuera de lo común. Porque más importante que el destino es el trayecto, y el nuestro… ¡hay que repetirlo! Sé que para el próximo se sumarán más que no nos pudieron acompañar 😉

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Zona Bici está en la Salomé Ureña esq. José Reyes. A donde estaba antiguamente el bar 8 Puertas. Cerca de La Alpalgatería 😉

Tel.( 809)885-6003

El precio es RD$300 por hora. Te ofrecen casco protector si lo requieres y los niños deben usarlo por obligación. Incluye una botella de agua que puedes llevarte al paseo (las bicis tienen canasta delantera) o tomarla después de montar. Me gustó mucho que tiene un puesto de reciclaje para las botellas.

Trabajan de Martes a viernes, de 9am a 1 pm y de 3 pm a 7 pm. Sábados y domingos corridos de 9 am a 7pm.

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